Como diseñadora, creo que el packaging no solo debe proteger un producto, sino contar una historia que detenga al consumidor. En este proyecto de branding e ilustración digital, asumí el reto de transformar un producto de consumo masivo, un paquete de chicle, en una pieza de diseño de inspiración china con un alto valor estético. 

El objetivo era comunicar una «frescura extrema» sin caer en los clichés del sector. Para ello, desarrollé una ilustración central personalizada donde el tigre, icono de poder en la cultura oriental, actúa como eje visual. La composición integra orgánicamente elementos de la naturaleza como hielo fracturado y hojas de menta, jerarquizando la estructura visual del envase. Se escogió una gama cromática disruptiva y llamativa, capaz de hacer destacar el producto en el estante, convirtiéndolo a su vez en un objeto coleccionable y decorativo. 

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